Las primeras líneas

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Varias veces, desde mi adolescencia hasta la actualidad, he tomado la iniciativa de hacer un blog.

El primero fue Ad Astra, un blog donde recopilaba mis poemas e historias cortas, para que mis amistades pudieran leerlas. Fue mi primer esfuerzo, y realmente puse bastante contenido ahí. No recuerdo por qué lo quité; la única razón que me llega a la mente es que quería participar en un concurso y no podía tener las historias publicadas en ninguna parte, así que le di de baja. Mucho bien que me hizo, ya que nunca escuché de los organizadores ni para un “gracias por participar”.

Y sí, yo escribía poemas. Tuve esa fase de mi adolescencia donde necesitaba expresarme y pues la poesía fue mi medio. Por ahí los tengo guardados, bajo llave.

Mi segundo intento tuvo muchas formas, todas con el mismo nombre: Entelequia. La definición de entelequia es “una cosa, persona o situación perfecta e ideal que solo existe en la imaginación”. Horrible nombre para un blog, y sabrán por qué tuve tantos problemas con arrancar, ya que quería que fuera perfecto.

Sin embargo, el concepto filosófico de la entelequia siempre me ha intrigado: Aristóteles lo definía como un cierto tipo de estado o existencia donde una cosa trabaja para alcanzar un fin intrínseco para sí misma. Ejemplo: la semilla crece para algún día llegar a ser un árbol. Tiene ese fin programado en su ser. Y era esta definición, junto la contradicción de los conceptos entre “trabajar para llegar a un fin” y “cosa ideal e irreal”, que me atraía a la palabra y el concepto para mi blog. La idea de que estamos trabajando y creciendo para alcanzar un potencial efectivamente irreal que solo existirá en nuestras imaginaciones.

Entonces mi blog se trataba de mi entelequia. De mi trabajo para alcanzar mi potencial. No llegué a publicar más de dos entradas hasta que lo solté para seguir mi vida universitaria. Intenté revivirlo varias veces, pero no arrancó. El concepto de irrealidad le ganó al concepto de alcanzar el potencial.

Y tenemos el tercer intento, que fue la primera versión de este blog. En vez de irme con un análisis exploratorio del sentido de mi vida y mi infinito potencial irreal, caí a un fin más sencillo: quería documentar cómo aprendía a programar. ¡Y sorpresa! Fue mi intento más exitoso, con alrededor de 100 entradas de variada calidad.

Cuando le di de baja a la primera versión, guardé estas entradas porque sabía que las querría mantener accesibles para algún día volver a publicarlas cuando reviviera el blog.

Y ha llegado ese día.

Junto con esta entrada estoy publicando todas las originales, sin editar y sin muchos cambios, así que están advertidos: habrá enlaces que no llevarán a ningún lado, imágenes que no se verán, y párrafos escritos porque ese día quería escribir algo y simplemente lo saqué sin darle mucha mente.

Pero lo importante es que están arriba, bajo la categoría de Primeras líneas.

Disfruten.