El trabajo remoto y yo (tercera parte)

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A principios del año pasado, comencé a buscar un nuevo empleo. Aunque estaba muy agradecido con la oportunidad que me habían dado al entrar al mundo del trabajo remoto, no me siento cómodo quedándome mucho tiempo en un solo lugar sin evitar sentir que me estoy estancando. Con el pasar de los meses comencé a buscar algo que se alineara mejor con mis valores y a lo que busco en un lugar de trabajo. Una cultura que hablara más conmigo, una mayor armonía entre mi trabajo y mi vida personal, y en especial, mayores retos.

Al iniciar, ese era mi principal motivador: quería crecer más. Y rápido.

Creo mucho en el crecimiento apresurado, en el tirarte en situaciones adversas y lograr sobrevivir porque no tienes otra opción más que lograrlo. Así fue como entré en esta industria, y aunque me da muchísimo miedo tomar riesgos, son necesarios para crecer al paso que quiero.

Probablemente no tengo la madurez necesaria para entender la importancia de tener paciencia en tu crecimiento profesional. De durar varios años en cada puesto e ir subiendo poco a poco. Aunque entiendo las dificultades que puede traer querer crecer demasiado rápido, soy alguien que cree que ese tipo de problemas son cosas que puedes solucionar cuando lleguen, y que ahora tienes que aprovechar todas las oportunidades que tengas frente a ti.

Cuando comencé a aprender desarrollo web con miras a conseguir un trabajo remoto, busqué las recomendaciones que les daban a otros desarrolladores locales que tenían la misma meta. Aunque había gran variedad de opiniones, pude encontrar una opinión en común:

Busca un trabajo local, adquiere experiencia, y luego puedes comenzar a pensar en uno remoto.

Esto me hizo mucho ruido, porque iba en contra de lo que quería en el momento. ¿Durar 1 o 2 años trabajando para una empresa local? Imposible. Mi meta era un trabajo remoto y eso era lo que iba a conseguir. Yo sabía lo que implicaba ser un empleado para una empresa de desarrollo de software local, y dentro de mi cabeza, yo era lo suficientemente bueno el camino recorrido por otros no era el mío.

En ese momento yo era un simple desarrollador junior con cero experiencia en el área, y reconozco que me hacía falta mucha humildad. Ser un junior a ese nivel es terrible, porque no sabes ni siquiera lo que te falta para realmente poder ser contratable a nivel profesional (y eso me pasaba a mí, por supuesto). El beneficio de la experiencia es que tienes una mejor idea de tus capacidades, de tus límites, y del tiempo que te tomará superarlos. Contratar a un desarrollador sin experiencia es una apuesta, donde la empresa básicamente le está enseñando gratis a alguien para que eventualmente él o ella pueda llegar a un nivel donde pueda iniciar a entregarle valor a la compañía.

A veces funciona, a veces no. Muchas compañías remotas prefieren no tomar ese riesgo, ya que es muy difícil probar que alguien dará resultados en un ambiente tradicional. ¿Qué tal de uno remoto, dónde normalmente no hay supervisión?

Al final, mi primer empleo terminó siendo uno local, con un componente remoto. No duré mucho ahí, pero me dio la suficiente experiencia para comenzar a entender todo lo que me hacía falta para dar el siguiente paso. Cosa que hice alrededor de los 8 meses.

Así que entiendo el punto de que el primer trabajo sea en persona. La interacción que tienes con los compañeros es mucho mejor, y eres más propenso a hacer preguntas, la clave para aprender más rápido. Y anteriormente me iría con esta idea, pero con los cambios que ha tenido el mundo con la pandemia, comenzar a contratar desarrolladores juniors será una realidad que muchas compañías tendrán que enfrentar. Estas organizaciones tendrán la responsabilidad de estructurarse de la manera correcta para poder integrar al talento nuevo y sin experiencia a su fuerza de trabajo.

Soy muy de creer que tu desarrollo profesional depende en mayor parte de ti, y si eres un junior que quiere que su primer (o su siguiente) trabajo sea remoto, te toca a ti mismo desarrollar las habilidades para ser suficientemente atractivo para que una organización entienda que adquirirte sea una decisión de bajo riesgo.